DIG!!! LAZARUS, DIG!!!


Vaya con Nick Cave, menudo vividor! Este tío sí que sabe de emociones y todas esas cosas…


Llevo una semana entera repasando las peripecias de éste “viejo lobo de mar”, y la verdad es que son interminables. En primer lugar os pondré en antecedentes, para que una vez que conozcáis por encima la difícil y jocosa vida del músico-guionista-escritor-artista en general conocido como Nick Cave, podamos hablar del disco semanal: Dig, Lazarus, Dig!!!



Nicholas Edward es un australiano nacido en 1957 rodeado desde pequeñito por el maravilloso mundo de las letras (padre: profesor de literatura, madre: bibliotecaria). Sus andanzas musicales las comenzó a edad temprana en el coro de la catedral a la que asistía todos los domingos de la mano de sus padres. Algo que sin lugar a dudas lo marcó.

Su música está etiquetada como desenfadada, agresiva, rozando lo erótico, tratando temas polémicos en relación a la Iglesia; todo ello regado con el mejor noise a ritmo de blues y con numerosas especias instrumentales que le dan la textura necesaria para quedarte desencajado durante un buen rato.

El tío empezó tocando el piano desde muy pequeñito, pero poco después dejó claro que eso del “niño bueno” no era lo suyo. Tras numerosos problemas con la ley, fue internado en un colegio, lo cual no le vino nada bien. Cuando acabó su educación secundaria comenzó a estudiar pintura, y a ello se le añadió el consumo de heroína (bonita combinación).

Sus proyectos musicales comenzaron en Australia, pero poco después se mudó a Londres junto a su pareja sentimental Anita Lane.

Cave ha tenido varios grupos con distintos miembros de todas las nacionalidades y aspectos, pero sin duda, lo que le ha dado una considerable fama a sido su fusión a los “Bad Seeds” Algo así como “malas yerbas”. De hecho, “Dig, Lazarus, Dig!!!” forma parte de esta unión.

Pero no os penséis que su pasión por el arte queda ahí. También ha estado relacionado con las artes visuales como el cine. Mucha de su música aparece como banda sonora en las películas de Wim Wenders. Su cara nos será familiar si nos sentamos a ver películas como “Ghost…of the Civil Death” (1989), “Johnny Suede” (1999) o “Soul of a man”. Recientemente compuso la banda sonora para la película “The Road”.

El “cabroncete” no tiene mal gusto: Si nos ponemos sentimentales, Nick ha tenido numerosos romances entre los que se encuentran Pj Harvey, o la actual diva de las pistas de baile Kylie Minogue; con la que protagonizó el tema “Where the Wild Roses Grow” de exitosa reputación en el pop australiano.

Bajo su brazo se encuentran novelas como la doble “King Ink”, o la más reciente “The death of Bunny Munro” (2009). Si miramos atrás en el tiempo y añadimos numerosos premios otorgados por la crítica a piezas independientes de su interminable obra, nos podremos hacer una idea de que lo que me es menester ésta semana no es un juego de niños.

Quizás haya sido una primera toma de contacto algo extensa, pero necesaria. “Dig!!! Lazarus, Dig!!!” (2008, Mute Records Ltd) es el decimocuarto disco de estudio de Nick Cave y los suyos, influenciado evidentemente por su anterior proyecto como Grinderman. El álbum es como una aguja enorme y de unos veinte centímetros de diámetro, con abundantes espinas en su superficie, que desde el primer tema está viajando desde tus altavoces hasta todas las partes de tú cuerpo. Ésta te provoca agradables heridas que cicatrizan lentamente.

No es un disco de esos que se hacen contigo en la primera escucha, ni en la segunda ni tercera; y está claro que si todavía no has logrado encontrar algo de tu agrado en Leonard Cohen o Tom Waits, no lo encontraras en Nick Cave. Pero me desnudo ante vosotros y me muestro sincero cuando digo que hurgando en todas sus letras se pueden encontrar verdaderas maravillas, y sé que es difícil ponerse a traducir y todo eso, pero muchas veces merece la pena; lo merece cuando atraviesas esa imperceptible membrana entre escuchar un tema “sin más”, y ESCUCHAR UN TEMA! Es ese algo intangible que hace que todo tu cuerpo sienta una extraña sensación de euforia y calma a partes iguales. Esto sucede cuando la música merece la pena, cuando melodía y armonía se fusionan en ocasiones con una lírica exuberante y llena de matices. Cada golpe de guitarra representa un puñetazo o un corazón roto, o un bonito arpegio de piano se mimetiza con la dulce voz del deseo inalcanzable; no sabría cómo expresarlo, pero sin lugar a dudas ADORO LA MÚSICA.

¡Qué me voy por las ramas! El homónimo del álbum lo encontramos en el primer corte. Cave toma prestada la historia religiosa de Lázaro de Betania y la adapta a nuestros tiempo. El artista crea un revuelto lírico donde religión, drogas, sexo y los Estado Unidos dan lugar a lo que él mismo define como una “hemorragia de palabras e ideas”.


El disco tiene tantas texturas sonoras como instrumentos son capaces de tocar sus ocho miembros, pero siempre presente el timbre sonoro del compositor y ese trasfondo noise.

Una vez más Cave, a pesar de contar con medio centenar de vida a sus espaldas nos muestra lo que mejor sabe hacer.

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